Autocrítica

Un par de semanas atrás, un viernes por la noche, volviendo de cursar y luego de comer con amigos en McDonald’s, estábamos de vuelta todos en un auto. Todos los que habíamos estado comiendo, apretados dentro del auto. El conductor de ese vehículo no podía ser otro más, que quién escribe esto.

Al darse esta situación, yo estaba exponiendo uno de mis máximos defectos: mi pésimo sentido de la ubicación y orientación en este mundo. Y si, soy un desastre. Hago dos cuadras y me pierdo. Pierdo el sentido, no se para donde es el norte, o el sur, da lo mismo.

Entonces una queridísima amiga mía no se le ocurrió decir algo mejor que “Le encontré un defecto! Le encontré un defecto!”, refiriéndose obviamente que a mí. En ese momento me puse a pensar (mientras manejaba y me orientaba mi co-piloto)… entonces está mina, ¿hasta hoy pensaba que era perfecto o algo así? ¿qué habré hecho de mal para que piense eso? ¿Tan frío soy? ¿Tan serio? ¿Tan formal? o más bien ¿tan anormal?. Bueno, en cualquiera de los casos, le hubiera mostrado algún defecto.

Continuando con mi reflexión, intentaré hacer una lista de los distintos defectos que tengo. Pero quédense tranquilos, no pienso poner todos, solo algunos, así no se aburren de leer.

  • Tengo cero, pero cero, memoria para recordar nombres y números. No sé, no puedo, no me sale. Si me dicen, tenés que ir a la calle Rivadavia 532, y no me lo anoto en algún lado, hago una cuadra y me olvidé, del nombre de la calle y más todavía del número, me bloqueo cuando tengo que memorizar algo. Sin embargo, y aunque parezca raro, me va muy bien en matemática. Pero ahí los números están escritos. Donde si siempre me fue mal, es en aprender categorizaciones de las cosas, no puedo aprenderme los nombres de las categorías (salvo que tenga algún juego de palabras, que lo pueda razonar). Tampoco los nombres de las personas, lo cual me suele hacer quedar muy mal.
  • Como ya dije, tengo una enorme (pero enooorme) capacidad de perderme. Y esto sumado a mi incapacidad de memorizar nombres y números, ya se pueden imaginar que mezcla espantosa que puede salir. Es el día de hoy y todavía me confundo las calles que pasan por la plaza de Pilar. Sin embargo, desde que tengo el registro/licencia de conducir, aprendí varios recorridos que me permiten volver a mi casa, aunque no tenga la más pálida idea de en que calle estoy.
  • A primera vista soy muy antipático. No se que cara tengo, porque no tengo un espejo enfrente, pero me cuesta horrores comenzar un diálogo. Y lo interesante de esto es que lo que me cuesta es ese “comienzo”, aunque sea la otra persona la que diga el primer “Hola”. Una vez que entro en confianza puedo ser una persona totalmente diferente.
  • Le tengo una especie de fobia al teléfono. O más bien, le tengo fobia al teléfono, no vamos a seguir relativizando las cosas y logrando que parezcan menores. Detesto atender el teléfono, ya de por sí el sonido me estremece. Y ni hablar si es para otra persona y la tengo que estar buscando en la casa para decirle que alguien lo llama. O peor que eso, es si es la de Speedy para ofrecerme banda ancha, el de Greenpeace para que done dinero o el de “Te ganaste un auto” (o mejor dicho, podes pagar un auto con no sé que promoción). Pero mi fobia al teléfono no termina ahí: también detesto llamar, discar o apretar esos numeritos para que alguien me hable del otro lado. En el único caso que no me molesta es cuando tengo que llamar a algún familiar que hablo siempre, no sé, debe ser que le tengo más confianza. Una de las razones (porque deben ser varias) puede que sea porque soy de una “Generación MSN” (osea, soy libre de contestar, decir que me fui a comer, me dormí, y esto en el teléfono no se puede hacer).
  • En relación con lo anterior, podría decir que soy bastante inseguro de mí mismo. Es raro que me vean plantando posición sobre algo. Siempre tengo mis dudas, entonces los verbos conjugados en condicional (terminados en -ría) son mis favoritos, dejando una duda si es lo que considero correcto o no. Casi nunca utilizo el imperativo. También lo que busco es el debate y la discusión y que no se crea que tengo yo razón, aunque muchas veces si crea tenerla.

Mucho para un día, ¿no?. Como quien diría, cada loco con su tema. Me conformo con saber que hay personas que están peor que yo. Es mi auto defensa psicológica :)

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Un Comenario

  1. Maria Lujan
    26 abril, 2008 a las 1:43 pm | Permalink

    Me pareces de lo mas normal
    No te preocupes por nimiedades