
La organización internacional Transparencia Internacional publica desde 1995 el Índice de percepción de la corrupción que mide, en una escala de cero (percepción de muy corrupto) a diez (percepción de ausencia de corrupción), los niveles de percepción de corrupción en el sector público en 180 países.
Si dividimos el ranking en dos grandes grupos, los menos corruptos (los 90 primeros puestos) y los más corruptos (puestos 91-180), Argentina [2,9 ptos] está entre los más corruptos del mundo. Lo más increíble es que no nos tenemos que ir al hemisferio norte para encontrar países con altos puntajes (menos corruptos). Chile y Uruguay tienen más del doble de puntos [6,9], igual que Francia y por encima de España [6,5].
El informe de Transparency Internacional es contundente:
Independientemente de si se trata de países con altos o bajos ingresos, el desafío de controlar la corrupción exige instituciones sociales y de gobierno que funcionen adecuadamente. Los países más pobres suelen sufrir las nefastas consecuencias de un Poder Judicial corrupto y un control parlamentario ineficaz. Los países ricos, por su parte, muestran señales de reglamentación insuficiente del sector privado, en lo que respecta a superar el problema de los sobornos que estos pagan en el extranjero, así como un control débil de las instituciones y operaciones financieras.
“Detener la corrupción requiere de un riguroso control a través de los parlamentos, las autoridades de justicia, los medios de comunicación independientes y una activa sociedad civil“, señaló Labelle. “Cuando estas instituciones son débiles, la corrupción aumenta sin control, con consecuencias nefastas para la población común y, en un sentido más amplio, para la justicia y la igualdad en la sociedad”.
(la negrita es mía)
Mientras tanto en Argentina, Poder Ciudadano (capítulo local de Transparency Internacional) presentó un proyecto de ley para la derogación de los superpoderes. Sin embargo, ayer se aprobó el el Presupuesto 2009, con superpoderes.
La corrupción no es algo imposible de combatir. Es simple desición política. Si realmente hubiera ganas y decisión, las herramientas de comunciación que hay hoy en día, permitirían la publicación de gran parte de la información pública, la participación ciudadana en las decisiones y un desenso importante en la maldita corrupción. Transparencia, la mejor cura para la corrupción.
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